martes, 7 de mayo de 2013


Era del tipo de personas que cree que todas las cosas se resuelven mediante la utilización de las manos. Cuando se cruzaba a una persona por la calle levantaba su mano y la sacudía en señal de saludo, si tenía hambre sostenía con sus manos el alimento que luego introducía en su estómago, utilizaba sus manos para girar el picaporte que le abría la puerta para dirigirse a algún lugar, colocaba una mano en el hombro de la persona a la que deseaba robarle la atención, en momentos de felicidad sus manos desperdigaban delicadeza y armonía, en situaciones de furia o enojo ellas se encargaban de transformar el ánimo de quien se hallara cerca en un Infierno... En fin, llevaba una lista de cosas que hacían sus manos por él en su libreta de bolsillo, era un fiel defensor de los derechos de las manos en disidencia con los poderes que acompañaban a la cavidad bucal. Contaba con la certeza de que las cosas eran tal y como se las planteaba, ante algún comentario contrariado de sus ideales recurría al elemento esencial de su teoría, toda su vida giraba en torno de las Leyes de la Constitución de su propia Nación, un Estado en el que los impulsos valen más que las palabras pensadas.
Un día, hace muchos años, cuando pequeño y su fuente de diversión era charlar como un loro, cometió un grave error. Tal era la seriedad del asunto, que le valió un golpe que lo enmudeció por gran parte de sus vida. La equivocación que tanto revuelo ocasionó estaba relacionada con la falta de respeto, en una familia religiosa se valoran mucho los cánones eclesiásticos, especialmente aquellos relacionados con la honra hacia la familia. ¡Que barbaridad! ¿Cómo se había atrevido a contradecir a su padre? ¿Qué no tenía razón? ¡Que horror es lo que acabo de leer! ¡Los mayores siempre saben todo! Principalmente si se trata de gente adulta perteneciente a tu sangre...
El día en el que dejo de hablar, coincidió con el día en el que expresó sus ideales por primera vez. Estaba indignado, enfermo de verborragia. Tres días en camas para curar a este pobre niño. Imagínense si la vacuna  contra la verdad ya habría caducado su fecha de vencimiento... Terrible...
Afortunadamente recibió el remedio ante la autenticidad antes de que la plaga de la verdad llegará a su sangre, contaminando todo su organismo, sin dejar rastro alguno de una casta pura de necedad.
A partir de ese día, mejoró su comportamiento notablemente, ya no conversaba con la gente en la plaza; porque sabía que ello lo podía llevar a caminos en los que no era "recomendable" ir.
Recibió una sacudida. Ya no hablaba mucho, solamente emitía palabras en los momentos en los que le parecía que la situación desbordaba el idioma de los gestos manuales. Llego a estar días y días sin largar un solo ruido de su boca, cinco meses fue la cantidad máxima de tiempo en el que se mantuvo en silencio por no sentir el deseo de tener que comunicarse a través de los chasquidos ligeros que produce la lengua al soltar los pensamientos que encierran los dientes en la boca.
Durante el período en el que estuvo sin comunicarse oralmente, utilizó la fuerza de los puños más de cien veces, llegando a resultados bañados de una eterna impotencia; que le susurraba al oído palabras alentadoras de la violencia, en las que los puños ensordecían la conciencia  que mordía a su lengua.
 A los quince años, en una de sus tantas peleas, perdió el poco quicio que nadaba en su materia gris, ya no veía más a las cosas, o al menos no las observaba de la misma manera que lo hacía antes, su padre ya no le enderezaba la joroba de la rebeldía, pero; eso no hacía diferencia alguna, ya que estaba marcado por la enseñanza que tanto le había brindado en sus jóvenes años.
Las palabras sin materializar se apolillaron en su cabeza, su cráneo era duro como un roble; ya nadie lo podía atravesar, ni si quiera él...

2 comentarios: